En 1969, el artista portugués Artur Barrio, expresó su interés por utilizar materiales baratos como estética y protesta por la situación en el tercer mundo. Restos de comida, orina, uñas, secreciones humanas, piedras, tierra, basura o cuchillas de afeitar han sido desde entonces materiales utilizados en sus obras.

A pesar de todo ello, él no se considera un artista provocador, pues cree que la provocación no resiste más de 40 años de trabajo y son más provocadores los malos pintores. Afirma también que en un mundo tan loco su trabajo no es provocador, los horrores de Irak, de Oriente Medio, de Afganistán, de África, eso sí es provocador.
Barrio ha sido galardonado con el Premio Velázquez de las Artes Plásticas (dotado con 125.000 euros), cuyo fallo ha hecho público la ministra de Cultura. El Ministerio justifica su elección "por la universalidad de su lenguaje, desarrollado a través de unos materiales no convencionales" y "por la construcción de una poética radical, que produce una relación y un eco con las situaciones políticas y sociales".
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